jueves, 28 de noviembre de 2013

La leyenda del toro del escudo de Salamanca



En el año 1763, el salmantino Bernardo Dorado, Maestro en Artes y Teología por l400px-Escudo_de_Salamanca.svga Universidad de Salamanca publicó un tratado sobre los orígenes e historia de Salamanca. Dicho tratado fue posteriormente, en 1861, corregido y actualizado por varios escritores salmantinos. Entre muchas curiosidades que podemos encontrarnos en su interior, hoy traigo la leyenda que cuenta porque el escudo de la ciudad de Salamanca cuenta con un toro sobre el puente romano. Paso a transcribir las palabras de Bernardo Dorado tal cual.



“La tradición, no siempre veraz en estos puntos, pero si en muchos atendible, viene a darnos alguna explicación sobre el particular. Cuando los moros invadieron la península en el año 711 de nuestra era, los habitantes de Salamanca huyeron todos a las montañas de León, y la ciudad quedó completamente despoblada hasta el reinado de D. Alfonso III, que en el año 881, batió a los moros en estas inmediaciones. Con tal motivo empezaron a venir algunos cristianos de la parte de la Sierra de Francia, según se colige de un documento antiguo que se conserva en el pueblo de la Alberca, y se establecieron en el arrabal del puente, hasta la segunda invasión que sufrió Castilla por los ejércitos de Albutacen y Almandario. En el intermedio de esta segunda investida, los moros, aunque en escaso número, conservaron su fortaleza en la parte alta de la ciudad, donde fue luego convento de la Merced calzada, cuyas vistas dominan el puente, razón bastante para que tanto los moros como los cristianos no se atreviesen a pasar el río. Aquí entra la tradición. Cuéntase que un toro de la pertenencia de los cristianos se aficionó a pasar el puente y venirse a comer a las praderas de la Vega, donde ahora están las huertas, y por la noche se volvía a su redil en el arrabal. Observado esto por los cristianos, y viendo que al toro no le hacían daño, se determinaron a pasar el río, y entablando algunas relaciones con los moros, empezaron a fijarse en el sitio que conserva el nombre de calle de Serranos, porque procedían de la Sierra sus primeros habitadores. Este incidente fue, según la tradición, el que dio motivo para fijar en las armas de la ciudad el toro y el puente; el juicio de nuestros lectores le dará valor que merezca, teniendo presente que a falta de datos escritos hay que acudir a conjeturas y tradiciones”
1902

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