Enrique Esteban Santos era un político salmantino que ocupó diversos cargos públicos y que tenía una obsesión, que Salamanca
tuviera una nueva vía sobre el río Tormes. Y es que nuestra ciudad por entonces contaba solamente con el puente romano. El consistorio salmantino ante la evidente insuficiencia para absorber el tráfico de dicho puente en una ciudad en crecimiento, junto con el peligro que acarreaba que las personas tuvieran que cruzar rodeadas de ganado al no haber zonas habilitadas para peatones, propone ampliarlo, algo a lo que el concejal Enrique Esteban se opone rotundamente por lo que hace una proposición al Ayuntamiento (imagen lateral). La proposición tuvo mala acogida entre los concejales ya que veían difícil la construcción de un nuevo puente e impedía el ensanche del antiguo mediante el sistema de andenes volados que había sido ya mandado estudiar.
En julio de 1898 se remite a Madrid el proyecto para su aprobación por la Junta Consultiva. En el proyecto, el futuro puente contaba con 219,80 metros de longitud y 10 metros de ancho con 6 arcos de 33 metros de cuerda cada uno. El 7 de agosto se varía el presupuesto para abaratarlo cambiando en el proyecto el adoquinado del centro por un pavimento ordinario, así como las losas de las aceras por materiales más económicos. El presupuesto del proyecto queda en 841.640,28 pesetas.